EL BEBE SINIESTRO
Carolina y su esposo estaban muy contentos por haber confirmado su embarazó, los días les pasaron volando hasta los siete meses, cuando ya tenían todo listo para la llegada del bebe. Ella estaba ya en casa de tiempo completo, con una enfermera, mientras él trabajaba un turno de 12 horas. Una tarde muy fría, Carolina envió a la enfermera a que trajera unas tasas con chocolate caliente mientras se sentaban junto al fuego de la chimenea. Unos segundos después de que ella se marchó a la cocina, escuchó un terrible grito, corrió de prisa pensando que la señora podría estar teniendo alguna clase de molestia, pero para su sorpresa, estaba tirada en el piso, con el vientre abierto de par en par, se veía con claridad que algo salió desde adentro. La enfermera horrorizada llamó al señor de inmediato, pero al estar al teléfono, pudo ver que se reflejaba en la pared una pequeña sombra, que no le dio tiempo de voltear y la ahorcó con el cable del aparato. El padre ya venía en camino, alertado porque la llamada se cortó, estaba algo preocupado, cuando se bajó del auto, la puerta estaba abierta, rechinaba movida por el viento, el entró con mucha cautela, para ver a las dos mujeres tiradas en el piso, escuchando en el fondo una risa traviesa, veía con mucha incredulidad, como el bebe se movía con una destreza que parecía tener una larga vida. Con el rostro ensangrentado, y filosos colmillos en lugar de dientes, recordó como una vieja extraña en la calle, le dijo que su hijo estaba maldito, que sería solo causa de desgracias, y debía terminar con él. Pero fue más fuerte el amor del padre por su bebe, que lo llamó tiernamente a su lado, lo acurruco en su saco, y le prometió que lo cuidaría por siempre. Fueron juntos al jardín a enterrar los cuerpos, ya que el bebé se negó a tomar leche, tubo que engañar a mujeres cada cierto tiempo, para alimentarlo, jugaba un poco con ellas, para después asesinarlas, y terminar por comerlas
CUIDADO CON LO QUE COMPRAS
Este es un objeto de los warren, trae una advertencia como muchas cosas en la vida, pero muchos no supieron seguirla
Annabelle, La Muñeca Poseída Por Un Demonio
En 1970, una mujer de compras en una tienda de segunda mano compró una muñeca para su hija, que estaba en la universidad, a su hija le gustó y la puso en su apartamento, pero pronto ella y su roomate empezaron a sufrir las consecuencias.
Se movía de un lado al otro sin que nadie la tocara, aparecía por que sí en otras partes de la casa, encontraron pequeños trozos de papel de pergamino, escritos con cursiva de niño chiquito y un día encontraron la muñeca de pie sobre sus piernas de trapo cuando esto es físicamente imposible
La mujer consultó a un medium por estos sucesos y les dijo que la muñeca estaba poseída por una mujer llamada Annabelle que era "amante" de las muchachas de Universidad; sin embargo esta cita lo que hizo fue alborotar el espíritu y un hombre incluso dice haber sido atacado por la muñeca quién le dejo una herida en el pecho.
Luego se contactó al dúo de parapsicólogos Ed y Lorraine Warren, quienes descubrieron que la muñeca no estaba poseída por el espíritu de una niña sino por un demonio que había mentido sobre su identidad con el fin de acercarse a ella y su compañera, con la intención de poseer a una o ambas; finalmente las mujeres dieron "Annabelle" a la pareja de psíquicos que la encerraron en una urna de cristal en su Museo de Ocultismo de Connecticut con una nota que dice: "Advertencia : No abra".
Annabelle, La Muñeca Poseída Por Un Demonio
En 1970, una mujer de compras en una tienda de segunda mano compró una muñeca para su hija, que estaba en la universidad, a su hija le gustó y la puso en su apartamento, pero pronto ella y su roomate empezaron a sufrir las consecuencias.
Se movía de un lado al otro sin que nadie la tocara, aparecía por que sí en otras partes de la casa, encontraron pequeños trozos de papel de pergamino, escritos con cursiva de niño chiquito y un día encontraron la muñeca de pie sobre sus piernas de trapo cuando esto es físicamente imposible
La mujer consultó a un medium por estos sucesos y les dijo que la muñeca estaba poseída por una mujer llamada Annabelle que era "amante" de las muchachas de Universidad; sin embargo esta cita lo que hizo fue alborotar el espíritu y un hombre incluso dice haber sido atacado por la muñeca quién le dejo una herida en el pecho.
Luego se contactó al dúo de parapsicólogos Ed y Lorraine Warren, quienes descubrieron que la muñeca no estaba poseída por el espíritu de una niña sino por un demonio que había mentido sobre su identidad con el fin de acercarse a ella y su compañera, con la intención de poseer a una o ambas; finalmente las mujeres dieron "Annabelle" a la pareja de psíquicos que la encerraron en una urna de cristal en su Museo de Ocultismo de Connecticut con una nota que dice: "Advertencia : No abra".
LA MUÑECA MALDITA
EL APOCALIPSIS
El Apocalípsis no fue como lo imaginamos.
No fueron las bombas atómicas, ni los desastres naturales, ni una feroz pandemia vírica, no…no fue nada de eso. Nuestro final llegó con la alteración de un acto cotidiano: la humanidad quedó dormida.
Inesperado para nosotros, pero largamente premeditado por ellos, nuestros genocidas, nacidos más allá del sistema Oberón. Cuando los primeros hombres caminaron sobre la tierra, ellos se hicieron presentes en los cielos. Así se convirtieron en dioses, luego en mitos, para implantarse por siempre en la tierna mente humana. Y durante generaciones, no dejaron de aparecer y desaparecer sus extraños objetos volantes, en su misión de modificar nuestros cerebros, preparándolos para el Día, y protegidos por nuestros inducidos deseos de contactar con civilizaciones extraterrestres.
DEJA VU
Hace algún tiempo, un amigo y yo decidimos realizar un pequeño viaje con el fin de descansar un poco de la universidad. Durante dos semanas nos quedaríamos en una casa de campo que se encontraba a unas 4 hs de viaje en coche.
Ya en el camino, Mientras iba en el coche, el paisaje comenzó a resultarme extrañamente familiar, mientras mi compañero de viaje seguía conduciendo, le dije:
-Nunca había estado aquí, pero creo que dos kilómetros más abajo hay una casa.-
Seguimos durante un kilómetro y medio y le dije a mi amigo que después de la próxima curva llegaríamos a una pequeña población situada muy cerca de la autopista. Le dije que la casa era blanca, de dos pisos, con escaleras en la entrada y un pequeño jardín con siniestros árboles. Tenía la impresión de que había vivido allí cuando tenía unos seis años y de que solía sentarme con mi abuelita en el porche de la entrada. Los recuerdos me abrumaban y podía recordar que estaba sentado en el columpio del porche mientras mi abuela me abrochaba las botas, cuando llegamos al pueblo, reconocí inmediatamente la casa, cerrada y ruinosa, pero todavía allí. aunque el columpio del porche ya no estaba.
Recorrimos el pueblo, y al llegar a una pequeña y ondulada colina me detuve y exclame:
- Ves esa gran cruz que sobresale entre las demás, Allí es donde me enterraron. -
Una de las historias populares más macabras entre las creadas en el siglo XX es la que hace referencia a un conductor que en el último momento decide no recoger a un viajante. Generalmente el narrador comienza diciendo: "¿Te conté lo que le ocurrió a mi amigo? Bueno, de hecho fue a su primo...” Y continúa así: Un automovilista va conduciendo por una carretera, cuando ve a un hombre joven con el pulgar levantado. Al disminuir la velocidad para recogerlo queda consternado al ver que detrás de los arbustos o árboles de la carretera asoman dos o tres compañeros suyos.
Considerando quizá que están abusando de su generosidad, o tal vez alarmado ante la posibilidad de que se trate de una banda de ladrones, el conductor decide en el último momento no recogerlos. Los viajantes se encuentran ya bastante cerca del coche, pero el conductor pisa el acelerador a fondo y se aleja tan rápido como puede. Los viajantes parecen enojados: gritan y chillan mientras el automovilista se aleja. Feliz de haber logrado escapar a tiempo, el conductor sigue su camino unos kilómetros sin detenerse. Después, al comprobar que el indicador de la gasolina se acerca al cero, se para en una estación de servicio.
Acto seguido observa que el operario de la estación de servicio, lívido como la cera, se aparta horrorizado del coche. El conductor baja para ver qué es lo que pasa, y queda paralizado de horror ante lo que ven sus ojos.
Atrapados en una de las manijas de la puerta hay cuatro dedos humanos
Ya en el camino, Mientras iba en el coche, el paisaje comenzó a resultarme extrañamente familiar, mientras mi compañero de viaje seguía conduciendo, le dije:
-Nunca había estado aquí, pero creo que dos kilómetros más abajo hay una casa.-
Seguimos durante un kilómetro y medio y le dije a mi amigo que después de la próxima curva llegaríamos a una pequeña población situada muy cerca de la autopista. Le dije que la casa era blanca, de dos pisos, con escaleras en la entrada y un pequeño jardín con siniestros árboles. Tenía la impresión de que había vivido allí cuando tenía unos seis años y de que solía sentarme con mi abuelita en el porche de la entrada. Los recuerdos me abrumaban y podía recordar que estaba sentado en el columpio del porche mientras mi abuela me abrochaba las botas, cuando llegamos al pueblo, reconocí inmediatamente la casa, cerrada y ruinosa, pero todavía allí. aunque el columpio del porche ya no estaba.
Recorrimos el pueblo, y al llegar a una pequeña y ondulada colina me detuve y exclame:
- Ves esa gran cruz que sobresale entre las demás, Allí es donde me enterraron. -
TERROR EN LA RUTA
Una de las historias populares más macabras entre las creadas en el siglo XX es la que hace referencia a un conductor que en el último momento decide no recoger a un viajante. Generalmente el narrador comienza diciendo: "¿Te conté lo que le ocurrió a mi amigo? Bueno, de hecho fue a su primo...” Y continúa así: Un automovilista va conduciendo por una carretera, cuando ve a un hombre joven con el pulgar levantado. Al disminuir la velocidad para recogerlo queda consternado al ver que detrás de los arbustos o árboles de la carretera asoman dos o tres compañeros suyos.
Considerando quizá que están abusando de su generosidad, o tal vez alarmado ante la posibilidad de que se trate de una banda de ladrones, el conductor decide en el último momento no recogerlos. Los viajantes se encuentran ya bastante cerca del coche, pero el conductor pisa el acelerador a fondo y se aleja tan rápido como puede. Los viajantes parecen enojados: gritan y chillan mientras el automovilista se aleja. Feliz de haber logrado escapar a tiempo, el conductor sigue su camino unos kilómetros sin detenerse. Después, al comprobar que el indicador de la gasolina se acerca al cero, se para en una estación de servicio.
Acto seguido observa que el operario de la estación de servicio, lívido como la cera, se aparta horrorizado del coche. El conductor baja para ver qué es lo que pasa, y queda paralizado de horror ante lo que ven sus ojos.
Atrapados en una de las manijas de la puerta hay cuatro dedos humanos